domingo, 1 de octubre de 2017

En este pulso siento vergüenza

No me gusta entrar en estos temas porque soy una inculta política, pero hoy siento vergüenza y necesito escribir. Tampoco pretendo hablar de política o ideologías, sino de humanidad, que se supone es lo que nos une. Antes que opinión tengo corazón, humano, o al menos eso me gusta creer. Ese es, al parecer, el ingrediente que le falta al conflicto español-catalán.





Parece inevitable querer obviar todo lo que ocurre estos días en Cataluña. Te lo meten en vena los medios de comunicación, los políticos y mis contactos de Facebook o grupos de WhatsApp. LLevo una sobredosis de violencia, debate y desacuerdo desde hace días que me quema la sangre. Asqueada, aburrida y saturada de los mismos colores en diferentes banderas, me están achicharrando los ojos.

Me arde, no porque tenga una opinión, más que seguro incompleta y repleta de prejuicios como todos, y me enfade al leer, ver o escuchar lo que se dice contrario a mis ideas. Simplemente me arde porque siento una profunda vergüenza. ¿Cómo hemos podido llegar a esto? ¿En serio no es posible otro camino, otra vía? Si no es así, aún siento más vergüenza en mis entrañas.

Y es que me produce un enorme bochorno que sea tan fácil manipular, condicionar y limitar el debate público en cualquiera de los "bandos", tan corto y negado. Que no seamos capaces de hablar y entendernos. Y que en lugar de eso estalle una guerra de poder y contribuyamos aún más a caldear el ambiente o a la falta de entendimiento en redes sociales y otros medios o plataformas.

En este pulso, en el que todos sin excepción están indignados y expectantes, en serio... siento vergüenza. No de los catalanes independentistas que reniegan de España y hacen lo que les sale de los 'collons', ni de los españoles que ondean banderas cuando la Guardia Civil marcha a Cataluña, ni de la policía que hace uso de la fuerza contra indefensos... Siento auténtica y desgarradora vergüenza de la raza humana, en general. 

Por una vez creo que está bien generalizar.

En este pulso, que no es más que otro espectáculo político para el que no hace falta pagar entrada, siento vergüenza de mi propia raza. De esta colonizadora especie que todo lo quema, lo destruye, lo violenta, lo opone, lo juzga, lo ignora y lo pelea a base de la fuerza desde el poder y para el poder. Y que todavía siente orgullo cuando lo que pone en evidencia es la absosulta incapacidad para llegar al consenso pacífico y al entendimiento.

Vergüenza.

Hoy creo que todos deberíamos quedarnos con esta premisa: Lo que quieras y tengas que hacer, hazlo, pero hazlo bien.
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