jueves, 3 de septiembre de 2015

Aylan, se llamaba Aylan


No voy a compartir la imagen de Aylan, el niño sirio que yace muerto en una playa turca... No hace falta porque ya la tendremos metida en vena durante los próximos tres días y nos horrorizaremos... Durante cuánto ¿5 segundos? Luego pasará a la historia y volveremos a otros temas, hasta que vuelva a ocurrir un desastre como este. Y de nuevo nos echaremos las manos a la cabeza ("¡Ooooh noooo, probrecillo!"), puede que para sentir un poquito de esa humanidad que nos otorgamos como si de una medalla se tratara, cuando esa se supone debería ser nuestra "naturaleza", intrínseca e instintiva. 

Aparente y superficial empatía cuando a muchos, por no decir a la mayoría, a efectos prácticos y literalmente: "SE LA SUDA", con perdón por la expresión, pero dejemos lo políticamente correcto para otro día u otra cuestión más "chorra".

Me sorprende ver en las redes sociales una gran cantidad de publicaciones sobre el tema. Estoy segura de que más de la mitad de las personas que postean algún tipo de denuncia u opinión sobre ello en su muro o perfil, no tienen ni la más remota idea de cómo se llamaBA o qué edad tenía. 

Puede precisamente que esa sea el problema, que seguimos tratándolo como algo lejano, una cuestión de masas; la inmigración sin nombres más que el de las fronteras. Aunque lo sufrimos en nuestras costas, surtiendo duras críticas contra ellos cuando uno comete algún delito, como si ese fuera el verdadero problema, como si no hubiera delincuentes con nuestra misma nacionalidad. Complejo de superioridad. Somos Europa, ¡por favor! Pues si lo somos que sea para todo. ¿Dónde están ahora los premios Nobel?

Nos quedamos con la punta del iceberg, nos da pereza dedicarle más de cinco minutos de reflexión. Y escuchas cosas como: "Si vienen a trabajar estupendo, si no que se vayan a su país". Seguimos interpretando una parte como el todo, cuando ese es un efecto colateral y no la realidad que verdaderamente importa. Seguimos olvidando que nuestros antepasados también tuvieron que ir en busca de nuevas y mejores oportunidades. Se nos olvida lo más importante: no hay nacionalidades, ni fronteras, tan sólo personas, como tú y como yo, con una edad, un nombre, familia, pareja... Piensan y sienten como lo haces tú. ¿Han tenido ellos las mismas posibilidades que nosotros? ¿Hemos crecido en las mismas circunstancias? ¿Por qué se lanzan al mar pudiendo morir? 

Así que no. Mejor compartir esta imagen que me ha pasado mi amigo y fisgón Dj Cheda e invitar a la reflexión. ¡Joder! Esto no es nuevo... ¿Y nosotros qué hacemos? ¿Seguimos mirando a otro lado? ¿Qué harías tú en su lugar? ¿Crees que cogen una patera para irse de vacaciones a Benidorm? O lo más importante: ¿Está perdiendo la humanidad su humanidad?

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