lunes, 16 de marzo de 2015

Qué clase de hombre...


Te descubre, te desata, se adentra en tus recovecos más sensuales, oscuros y sensibles para después destrozarte a pedradas, mordiscos y golpes barriobajeros de vulgaridad e incultura.

Qué clase de hombre... Te inspira, te toca como si fueras su mejor instrumento, y compone esa melodía que llamáis historia para luego rasgarla en mil trozcitos de papel, y dejar que se entremezcle con los restos de comida rápida en la basura de su día a día.

Dime, qué clase de hombre da con un tesoro para volver a arrojarlo al mar y hacer como si nunca lo hubiera descubierto. Qué tipo se cree que con sólo una cara bonita resolverá todos los misterios del universo. 

Qué chico deja que te vayas, perdiendo la oportunidad de cuidar y alimentar algo mágico. Qué mierda de hombre te deja para apresarte en su cárcel de conquistas y te dice que ya no te quiere para a continuación impedirte que te vayas. Dime... Quién coño es él que nunca está ni solo ni acompañado. Vagabundo del amor fraudulento. Te lo roba todo hasta dejarte sin nada, y lo peor, parece que disfruta con ello.

Pero dime, quién es él para decidir sobre lo que sientes o cómo lo expresas. ¿Acaso no conoce a esa mujer que en su día lo paro en seco hasta dejarle sin habla? Miradas que lo decían todo... Pero... ¿cree que por dormir contigo o que con esa chorreante pedantería te cautivara cuando tarde o temprano descubrirás que su zoquete esta repleto de serrín? ¿Es ese tu hombre? ¿La clase de tipo a la que no debieras estar dispuesta a pasarle ni una más? Ni una llamada, ni medio tacón, ni lencería fina... 

Esa clase de hombre busca un precio que tú no debes estar dispuesta a pagar. Tu patata no se compra, no entiende de camas que se comparten, ni sentimientos que se reciclan con todas las pendejas que lo agregan al Facebook a la caza de un hombre víceps para una mujer berzas.

Tú no eres el hombro de nadie. Ya tiene una madre y tú por el momento no has pasado por la planta de maternidad de ningún hospital, aunque ya pases la treintena. Déjalo ir, deja que cabalgue olas, que recorra mundo navegando y que baile todo el flamenquito que necesite, porque tú no eres un destino de vacaciones... A ver si de una puta vez se entera. Eres la ladera de una hermosa y verde colina donde echar raíces! La clase de musgo como él, a estás alturas de la fotosíntesis... Te sobra.




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