domingo, 5 de octubre de 2014

Y punto

Amor. Esa palabra que todo el mundo siente y nadie sabe explicar. No entiende de razones ni realidades. Esa jodida palabra que duele tanto y sabe tan dulce que te atiborrarías a caramelos. No sabre de política, ni economía o cultura, pero de amor sé un rato y la lección nunca es suficiente. Siempre suspendo y cuando la patata siente no hay más. Y punto. Cero al canto.

El amor me inspira, no me da ganas de comer helado, pero sí de escribir y desatar toda esta mierda que llamamos sentimientos. Y no me atrevo a hablar de perros o zorras, pero ¡joder! cuando uno saborea el desamor no hay fauna suficiente para ponerle nombre a lo que una siente. Jode, y punto.

Todo esto me hace recordar quien soy, en quien quiero convertirme, a quien quiero a mi lado. Sí, los "punto y final" siempre marcan ese algo que te empuja a ser quien eres y a decidir cómo quieres consumir los días. Algo de bueno tenía que tener tan mala ortografía a la hora de escribir tu propia historia.

Recuerdo varios momentos clave. El primero fue cuando una amiga me dijo "lévantate y comportate como una mujer". El segundo lo marco un amigo en el momento en que me comentó que tal vez no había nada que entender. Y el tercero... El tercero supongo que aún no ha llegado, pero espero que acabe con un "te quiero y punto".



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