lunes, 28 de julio de 2014

Enfadarse y desenfadarse



Llevo tiempo viviendo en un permanente estado de enfado y aunque sé que no es bueno, no puedo apagar la llama que tengo aquí adentro. 

Me jode sobremanera la ingratitud, la falta de interés, la cobardía y la desgana. Me anuda las entrañas saber que se sufre de personas con falta de empatía, de cariño, de ganas y valor. 

Por no hablar de esas a las que quiero y veo llorar, y cuya amargura desata mis instintos más salvajes y feroces. Y es entonces, cuando por un momento, me apetece arrancar carne a mordiscos y machacar extremidades.

No soporto la gente que ni con gafas ve, ni con 'sonotone' escucha, ni con un trasplante de corazón si quiera siente. Personas maravillosas que pasan ante los ojos ciegos de egoísmo e inteligencia de los demás. Bastardos, malditos, grrrrrrr.

Qué puedo decir. Que sí, si me muerdo me enveneno, pero es esta mi manera de luchar y apaciguar mis ganas destructivas cuando un hombre deja de ser caballero, cuando una amiga deja de querer ser confidente, cuando el cielo se vuelve gris y no hay quien sacie mi hambre de paz y tranquilidad. Quien apacigüe mi dolor y mis ganas de arrancar cabezas. Quien sea capaz de robarme una sonrisa y convencerme de que existe alguien mejor.

Y sólo espero en este rincón de permanente enfado, donde pienso de cara a la pared, por mala y fustigadora, que alguien venga a firmar la tregua y a regalarme motivos para solucionar estos dos amargos problemas que tengo.



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