viernes, 9 de mayo de 2014

Purity Balls por David Magnusson

Si no tienes ni la menor idea de lo que es un "Purity Ball" vas por buen camino, alégrate de no saberlo. Este ritual que se viene celebrando desde 1998 en prácticamente todos los estados de Norteamérica y en otros 17 países, lo cual nos deja más que boquiabiertos, deja constancia una vez más del poder de la manipulación, las creencias religiosas y la estupidez humana.

Se trata de ceremonias en las que jóvenes y niñas, a veces de edades tan tempranas como cuatro años, realizan un juramento de pureza ante sus padres. Dicho ritual escenifica su desposamiento simbólico con Dios, a la vez que proclaman su virginidad hasta el matrimonio como ofrenda de virtud ante sus padres.  

Pero esto no queda aquí, ya que esta costumbre retrograda de nuestro tiempo sobrepasa los límites y llega hasta el auténtico encarcelamiento de la naturaleza humana. Las niñas que se someten a este rito renuncian también a todo tipo de relación sentimental casual. No está permitido tener citas ni besarse. La única relación bien vista es aquella que a la fuerza desemboca en el matrimonio para toda la vida. 

Los padres, por su parte, como “sumos sacerdotes del hogar y la familia”, se comprometen durante la ceremonia a dar lo mejor de sí mismos para proteger la pureza de sus hijas. A menudo, esos votos se sellan con el intercambio de anillos. La frase que utilizan a modo de "si quiero" es: “Estas casada con el Señor y tu padre es tu único novio”.

Como denuncia ante este tipo de prácticas, que aunque nos cueste creerlo no se limitan al uso del burka y otras costumbres árabes, nos hacemos eco de la obra del fotógrafo David Magnusson, en la que retrata estas relaciones padre-hija de quienes celebran el "Purity ball". 

Y nos unimos al frente feminista en cuanto a que estos rituales someten y denigran a la mujer, recayendo en el cabeza de familia decisiones tan importantes como estas y negándoles cualquier tipo de libertad de decisión. Como diría alguien muy sabio que conozco... No hay que confundir la mentalidad liberal con el libertinaje. Y yo añadiría... Ni la moral con la castidad.










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