martes, 20 de mayo de 2014

Flores de la conquista



Para todas las mujeres flores, muchas flores y de todos los colores. Siempre ha sido así y así seguirá siendo. A nosotras nos encanta recibirlas y a ellos les horroriza gastarse el dinero en 20 pétalos que caerán en dos días. Aunque yo siempre las prefiero de jardín, que no de floristería. Y de eso quiero hablaros precisamente hoy... de flores. Porque me han coloreado un poco el alma en esta temprana primavera y me apetece sentir feminidad, frescura e ilusión. Como a todas... Supongo.

Labios untados en gloss y las pupilas nadando entre lágrimas de pasión para decir simplemente: Gracias. Esa es la imagen con la que me recreo cuando imagino a una hermosa mujer recibiendo flores. Y no me refiero a una mujer guapa, no. Me refiero a una simpática, sensual y sentimental. Las tres 'S' de mi mujer perfecta. Conozco a más de una.

Y puede que mientras recibe las flores suene Fuerteventura de Russian Red o tan sólo el soplido del viento suspirando de amor cursi y pegajoso. Me encanta. Y que reboce los pies en arena de playa y pestañee esperando nadar en su boca. Imaginando el tacto de sus manos y por qué no, también acaricie su espalda. Un trasero respingón asomando por debajo de un vestidito bien corto. Pies de puntillas. Piel de gallina. El olor a hierba mojada, a colonia, a rosas, margaritas, tulipanes y petunias. 

Flores en los balcones, los jardines y senderos para decirnos que ya está aquí. Y de la alegría acariciar el hombro con la mejilla y sonreír, pero de una mezcla entre locura y amor. Recibirlas en  un sitio público y no poder ocultar la vergüenza, ¿o será felicidad camuflada? Olerlas durante días para recordar el instante en el que las recibiste. Imaginar el momento en el que rellenó la tarjeta, o preguntarte por qué no lo hizo y sólo aparece "Mariloli Floristería".

Sentir como si te clavarán la bandera de la gran conquista y dejarte embriagar por flores de todos los tipos y olores. Mirar a los ojos y decir "SÍ" entre los aullidos del orgasmo que nos trae la primavera. Sacar un vaso, un jarrón, una vieja botella para sujetar un ramo. Dejarlo junto a la ventana de una habitación, en la cocina entre perejil y otras especias, o junto a la bañera para acentuar el olor mientras te ahogas en espuma.

Y flores, muchas flores para hombres, mujeres, ancianos y niños... Que ya tendremos tiempo para el otoño, el invierno, las hojas, la sequía, la humedad o la nieve... Y tiempo para el desamor, si es que llega. Pero mientras flores, para recordar su olor cuando la peste asome. Para vislumbrar su color cuando la ceguera nos aprisione. Y para llenar la memoria de floridos momentos que confeccionan el jardín particular de cada uno, aunque a veces haya que podar, regar o haya simplemente que esperar a que vuelvan a sembrarte de flores.















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