lunes, 7 de mayo de 2012

¿Y las curvas de Botero apá?

Por Mariana Gallardo


Botero es un pintor colombiano de 80 años que retrata mujeres y hombres redondos y orondos. Gana mucho dinero este señor. Incluso tiene una exposición en Bellas Artes hasta finales de junio.



¿A quién demonios se le ocurrió poner los números de talla? Un día estaba con un novio. Emocionados, los dos nos intercambiamos unos regalos. Al abrir el paquete, me encontré un vestido negro precioso. Le di un beso y enseguida me lo probé (el vestido, no el galán). Me quedaba perfecto. Todo iba bien hasta que me lo quité para devolverlo a la caja y en eso distinguí la letra G, en la etiqueta de la talla. Me eché a llorar. El novio no sabía ni qué hacer. Sólo atinaba a decirme que me quedaba muy bien. Y se lo agradezco mucho, pero mi llanto se debía a esta construcción social que convertía en tragedia que yo fuese de talla G. 

Esta anécdota, por ridícula que parezca, es sólo un retrato del tema que quiero abordar. 

 En una visita fugaz al hogar de mis padres, justo cuando la casa olía a café, escuché el grito histérico que suele proferir mi madre cuando divisa un pequeño roedor inocente y acto seguido se sube al banco más cercano y se queda ahí hasta que alguien llega a deshacerse del pobre animal. Sí, pueden pasar un par de horas. 

 Bajé sin muchas prisas a ver de qué iba el tema. Pues era mucho peor que un pequeño ratón casero. La encontré en estado de shock con el suplemento de un diario que trataba el tema de las bodas. Un suplemento social, exclusivo para suscriptores. 

La primer página decía, literalmente, “¿Arreglito previo?”, con la imagen de una niña, no más de 20 años, linda y natural, pero con la cara trazada de líneas punteadas, las que indican qué se le podría mejorar. 

El concepto para “estar perfecto para tu boda” ya tiene nombre: Bridalplasty. Hay seis productos que actualmente ofrecen: 

1. TOXINA BOTULÍNICA (Botox) 
2. RELLENOS 
3. RESECCIÓN DE BOLSAS DE BICHAT (Reducción de mejillas) 
4. RINOPLASTIA (Cirugía de nariz) 
5. IMPLANTES MAMARIOS 
6. LIPOSUCCIÓN Y LIPOESCULTURA 

 ¿No suena terrorífico? Cada una de las sugerencias venía acompañada de su descripción exhaustiva de procedimientos, costos, beneficios y algunos “efectos secundarios”. Encima, en la página 13, un anuncio que se titula “Perfecta en tu boda”, incluye paquetes de mensualidades a 6, 12 y 24 meses sin intereses, los estudios básicos son de $800.00, pero te los dan ¡gratis! 

 Es decir, esta joven pareja que lleva cierto tiempo de relación se casa y resulta que el día de la boda no la reconoce el tío excepto por el codazo de la esposa “es la de allá, tu sobrina”. O peor aún, las líneas de expresión de la felicidad, esa sonrisa que todo lo puede, ni siquiera se le distinguen a la nueva esposa en el desayuno post-luna de miel. Y el flamante y joven marido se asusta y piensa: “pero si yo ya la quería tal y como estaba. No por nada armamos todo el tinglado.”

 La mejora instantánea tipo sopa Maruchan me da miedo. Me parece que se deriva de fenómenos sociales, psicológicos, culturales: trastornos alimenticios, presión social, mercadotecnia, estándares físicos irreales, comentarios mal o bien intencionados, baja auto estima, el desfile de los ángeles de Victoria Secret, telenovelas, figuras como Kate Moss, Angelina Jolie o Inés Gómez Mont, la oferta de comida rápida y/o chatarra desde la educación primaria hasta los grandes corporativos, no se hagan –tortas de tamal, sumergidas en aceite, papitas, la cococha de la mañana con el gansito (de aquí descubrió el aclamado chef internacional Ferrán Adriá el concepto de comida molecular, es decir, esa explosión del sabor de fresa del gansito que explota en el paladar con el gas de la coca cola…)–.

 Me parece triste que l@s niñ@s desde los 6 años empiecen a hacer las dietas que les demandan los padres, odio rechazar un delicioso trozo de pastel, odio que nos preocupe (aunque sea un segundo) cómo nos vemos, como si eso definiera quién somos. Odio que existan cadeneros que en los antros a través de una cámara seleccionen al que puede entrar, generalmente con ciertos rasgos físicos. Y que se haga cola para entrar. 

No me gusta que los piropos, tan ingeniosos, sólo vayan destinados a mujeres con curvas o mujeres delgadas. Todas las formas y tamaños nos los merecemos. 

No me gusta que entre nuestro mismo género –el que sea– exista esta competencia o crítica velada. 

Me indigna que sea un tema y no una política pública de salud que contemple un tratamiento integral, accesible a todo mundo. Que existan tan pocos doctores que sepan detectar y atender este tipo de síntomas y comportamientos. 

No existe un responsable que firme dicho artículo. Es la Redacción de Club Social del periódico Mural / Reforma. 

 Los que hacen que la nota suceda por así decirlo, o se produzca, son el Director Editorial, el que hizo la nota, el que tomó las fotografías, el cirujano plástico que con singular alegría aparece en el reportaje, la influencia de la súper modelo Twiggy del año 66, más conocida por su look adolescente, y el anunciante que paga por inserción. El caso es que esta información está ahí, al alcance de jóvenes que están a punto de casarse y dispuest@s a pagar esto para sentirse mejor “para su boda” o bien, porque para su gran día quieren sentirse como las de la “tele”, por lo que recurren a algún médico que les promete el cielo bajo su propio riesgo.

 Por supuesto que es un derecho la libertad de expresión, la libertad de elegir lo que a uno le convenga, lo que a cada cual le siente bien, pero ¿no hay una responsabilidad social de los medios de comunicación, que debiera transmitir información verídica concebida con ciertas líneas de educación social y no como vil mercadotecnia? Sobre todo en el caso de jóvenes susceptibles. Supongo que no.

 Para ejemplos, miles. El que no enseña, no vende. Soy Totalmente Palacio (el hierro es frío, ¿qué no?). Me gustaría demandar al idiota anónimo que escribió esta frase: A la mujer, búscala delgada y limpia, que gorda y sucia ya se te pondrá. 

 PD. Me permití escanear un extracto del susodicho suplemento, para que cada quien pueda sacar sus propias conclusiones, ya que no existe una versión en línea.

Este contenido ha sido publicado originalmente por SINEMBARGO.MX en la siguiente dirección: http://www.sinembargo.mx/opinion/04-05-2012/6703


 
Botero es un pintor colombiano de 80 años que retrata mujeres y hombres redondos y orondos. Gana mucho dinero este señor. Incluso tiene una exposición en Bellas Artes hasta finales de junio. ¿A quién demonios se le ocurrió poner los números de talla? Un día estaba con un novio. Emocionados, los dos nos intercambiamos unos regalos. Al abrir el paquete, me encontré un vestido negro precioso. Le di un beso y enseguida me lo probé (el vestido, no el galán). Me quedaba perfecto. Todo iba bien hasta que me lo quité para devolverlo a la caja y en eso distinguí la letra G, en la etiqueta de la talla. Me eché a llorar. El novio no sabía ni qué hacer. Sólo atinaba a decirme que me quedaba muy bien. Y se lo agradezco mucho, pero mi llanto se debía a esta construcción social que convertía en tragedia que yo fuese de talla G. Esta anécdota, por ridícula que parezca, es sólo un retrato del tema que quiero abordar. En una visita fugaz al hogar de mis padres, justo cuando la casa olía a café, escuché el grito histérico que suele proferir mi madre cuando divisa un pequeño roedor inocente y acto seguido se sube al banco más cercano y se queda ahí hasta que alguien llega a deshacerse del pobre animal. Sí, pueden pasar un par de horas. Bajé sin muchas prisas a ver de qué iba el tema. Pues era mucho peor que un pequeño ratón casero. La encontré en estado de shock con el suplemento de un diario que trataba el tema de las bodas. Un suplemento social, exclusivo para suscriptores. La primer página decía, literalmente, “¿Arreglito previo?”, con la imagen de una niña, no más de 20 años, linda y natural, pero con la cara trazada de líneas punteadas, las que indican qué se le podría mejorar. El concepto para “estar perfecto para tu boda” ya tiene nombre: Bridalplasty. Hay seis productos que actualmente ofrecen: 1. TOXINA BOTULÍNICA (Botox) 2. RELLENOS 3. RESECCIÓN DE BOLSAS DE BICHAT (Reducción de mejillas) 4. RINOPLASTIA (Cirugía de nariz) 5. IMPLANTES MAMARIOS 6. LIPOSUCCIÓN Y LIPOESCULTURA ¿No suena terrorífico? Cada una de las sugerencias venía acompañada de su descripción exhaustiva de procedimientos, costos, beneficios y algunos “efectos secundarios”. Encima, en la página 13, un anuncio que se titula “Perfecta en tu boda”, incluye paquetes de mensualidades a 6, 12 y 24 meses sin intereses, los estudios básicos son de $800.00, pero te los dan ¡gratis! Es decir, esta joven pareja que lleva cierto tiempo de relación se casa y resulta que el día de la boda no la reconoce el tío excepto por el codazo de la esposa “es la de allá, tu sobrina”. O peor aún, las líneas de expresión de la felicidad, esa sonrisa que todo lo puede, ni siquiera se le distinguen a la nueva esposa en el desayuno post-luna de miel. Y el flamante y joven marido se asusta y piensa: “pero si yo ya la quería tal y como estaba. No por nada armamos todo el tinglado.” La mejora instantánea tipo sopa Maruchan me da miedo. Me parece que se deriva de fenómenos sociales, psicológicos, culturales: trastornos alimenticios, presión social, mercadotecnia, estándares físicos irreales, comentarios mal o bien intencionados, baja auto estima, el desfile de los ángeles de Victoria Secret, telenovelas, figuras como Kate Moss, Angelina Jolie o Inés Gómez Mont, la oferta de comida rápida y/o chatarra desde la educación primaria hasta los grandes corporativos, no se hagan –tortas de tamal, sumergidas en aceite, papitas, la cococha de la mañana con el gansito (de aquí descubrió el aclamado chef internacional Ferrán Adriá el concepto de comida molecular, es decir, esa explosión del sabor de fresa del gansito que explota en el paladar con el gas de la coca cola…)–. Me parece triste que l@s niñ@s desde los 6 años empiecen a hacer las dietas que les demandan los padres, odio rechazar un delicioso trozo de pastel, odio que nos preocupe (aunque sea un segundo) cómo nos vemos, como si eso definiera quién somos. Odio que existan cadeneros que en los antros a través de una cámara seleccionen al que puede entrar, generalmente con ciertos rasgos físicos. Y que se haga cola para entrar. No me gusta que los piropos, tan ingeniosos, sólo vayan destinados a mujeres con curvas o mujeres delgadas. Todas las formas y tamaños nos los merecemos. No me gusta que entre nuestro mismo género –el que sea– exista esta competencia o crítica velada. Me indigna que sea un tema y no una política pública de salud que contemple un tratamiento integral, accesible a todo mundo. Que existan tan pocos doctores que sepan detectar y atender este tipo de síntomas y comportamientos. No existe un responsable que firme dicho artículo. Es la Redacción de Club Social del periódico Mural / Reforma. Los que hacen que la nota suceda por así decirlo, o se produzca, son el Director Editorial, el que hizo la nota, el que tomó las fotografías, el cirujano plástico que con singular alegría aparece en el reportaje, la influencia de la súper modelo Twiggy del año 66, más conocida por su look adolescente, y el anunciante que paga por inserción. El caso es que esta información está ahí, al alcance de jóvenes que están a punto de casarse y dispuest@s a pagar esto para sentirse mejor “para su boda” o bien, porque para su gran día quieren sentirse como las de la “tele”, por lo que recurren a algún médico que les promete el cielo bajo su propio riesgo. Por supuesto que es un derecho la libertad de expresión, la libertad de elegir lo que a uno le convenga, lo que a cada cual le siente bien, pero ¿no hay una responsabilidad social de los medios de comunicación, que debiera transmitir información verídica concebida con ciertas líneas de educación social y no como vil mercadotecnia? Sobre todo en el caso de jóvenes susceptibles. Supongo que no. Para ejemplos, miles. El que no enseña, no vende. Soy Totalmente Palacio (el hierro es frío, ¿qué no?). Me gustaría demandar al idiota anónimo que escribió esta frase: A la mujer, búscala delgada y limpia, que gorda y sucia ya se te pondrá. PD. Me permití escanear un extracto del susodicho suplemento, para que cada quien pueda sacar sus propias conclusiones, ya que no existe una versión en línea.

Este contenido ha sido publicado originalmente por SINEMBARGO.MX en la siguiente dirección: http://www.sinembargo.mx/opinion/04-05-2012/6703. Si está pensando en usarlo, debe considerar que está protegido por la Ley. Si lo cita, diga la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. SINEMBARGO.MX
Mariana Gallardo

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