jueves, 17 de noviembre de 2011

Vengo de un avión que cayó en las montañas...



Anteayer, Gustavo Zerbino, superviviente del accidente en los Andes en 1972, nos prometió que habría un antes y un después tras la conferencia que tuvo lugar en el Palacio de Congresos de Bilbao. No le faltaba razón.

El diálogo titulado "Gestión de la adversidad" no sólo se vio perfectamente ilustrado gracias a su experiencia personal, si no también a la de sus compañeros, con quienes todavía celebra una vez al año aquel partido de rugby que nunca tuvo lugar al estrellarse el avión en el que viajaban contra la cordillera. Algunos vídeos y fotos sirvieron para acercarnos, a todos los allí presentes, hasta aquellos momentos que hicieron sacar toda su humanidad en el sentido más literal de la palabra.

Con humor y mucha humildad relató como orinarse las manos en aquellas circunstancias podía ser la mayor caricia; el puñetazo más fuerte, el abrazo más cálido; y la carne de sus amigos muertos, el único nutriente a su alcance.

Fue así cómo nos trajo hasta Bilbao aquellos momentos que no tardó en poner en contraposición con muchas de las situaciones que se nos plantean en la actualidad. Gustavo mencionó la crisis y nos la propuso como un reto que enfrentar de forma optimista y entregada. Nos alentó para no quejarnos porque sólo haciendo acciones y tomando decisiones extraordinarias uno es capaz de superar las adversidades. "El éxito sólo va antes que el trabajo en el diccionario", afirmó.



Zerbino hizo hincapié en que sobrevivir a aquel accidente, que les dejó perdidos en medio de la nada durante más de dos meses, no fue ni un milagro ni algo imposible, fue simple y llanamente un acto de amor. Y sonará a cursilada, sí, pero admitió de manera rotunda que fue el amor más extremo entre los compañeros y hacia los demás (como su familia) lo que les empujó a seguir, a luchar por sobrevivir.

Igualmente, apuntó como los que se quejaban no estaban en la montaña, seguían en casa, con sus familias tomándose un mate. Y como los que se ofrecían para echar una mano, aun con una pierna colgando o una pieza metálica atravesándoles el abdomen, fueron capaces de superar la adversidad relativizando lo que les ocurría.

Su compañero Nando, al enterarse de que habían desistido en la búsqueda les dijo: "Tengo una buena noticia. No van a venir a por nosotros." A lo que los demás reaccionaron con un: "Eso no es una buena noticia". Nando lo tenía claro pese a haber perdido a su madre y a su hermana en el accidente: "Sí lo es, porque significa que tendremos que salir de aquí por nuestro propio pie".

Son estas, entre muchas otras, las anécdotas que Gustavo nos relató. Como aquel compañero suyo que ofreció lo que él necesitaba a otros "más necesitados", cuando él era el herido de mayor gravedad. Así nos mostró como nos vemos sumergidos en un aletargamiento, un vacile pese al cual nos quejamos, pasivos e ineficientes. Sin hacer absolutamente nada. "Los que murieron fue por el impacto del accidente, la avalancha o la infección de las heridas", explico Zerbino, "el mero hecho de estar allí no mató a nadie, por muy imposible que fuera". "En los Andes fuimos realmente felices", concluyó.

Y fue así como 16 jóvenes, regresaron a su casa. Ellos lo vieron claro. Si esperamos a que nos rescaten, moriremos, si aprovechamos las oportunidades que nos ofrecen las circunstancias, buenas o malas, no sólo sobreviviremos, si no que venceremos.

2 comentarios:

  1. Es impresionante hasta donde puede llegar el instinto de supervivencia humano.... gran charla!! me hubiera gustado asistir!!! :)

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  2. Las personas más felices no son necesariamente aquellas que tiénen las mejores cosas, sino aquellas que sacan lo mejor de todo lo que les sucede. Nada es pequeño, si se hace por AMOR.

    Gustavo Zerbino, un ejemplo de vida. Muchas gracias Patri por presentárnoslo ;) Una pena no haber podido asistir a la charla, y una gran suerte tenerte a ti para que nos la cuentes ;)

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