miércoles, 17 de agosto de 2011

Aquel día de mercado...

La siguiente historia está basada en hechos reales...

Me gustaría decir que era un lunes cualquiera, pero lo cierto es que no...

Era el 26 de abril de 1937. Y, pese a haber sido prohibido a última hora, la mayoría no quiso perderse el tradicional mercado de los lunes. Supongo que había quienes no querían borrar la entrañable cotidianidad en aquellos días de guerra, y su madre era una de ellos.

Fue ineludible que durante la comida de aquel lunes las mejillas se le enrojecieran cuando le comunicaban que aquella tarde acudirían a la plaza. Apenas sin haber terminado de comer y pegando pequeños saltos sobre sus zapatos viejos, sonriente y palpablemente acalorada, esperaba ante la puerta de su hogar. Inquieta, dando bandazos con la cabeza esperando encontrar a su madre ataviada en el pasillo; saliendo de la que era su habitación con el bolso en la mano. Aquella tarde, inevitablemente, no podía hacerse esperar.

Eran las 16.00 horas y entrelazando sus dedos, una junto a la otra, paseaban por las calles de su Villa, dispuestas a hacer alguna que otra compra en el mercado. A ella le fascinaba el olor a verdura que desprendían las cajas amontonadas en el suelo, el gentío, el ruido, los saludos por doquier de quienes se conocen desde niños. Era feliz o al menos, bajo su entrañable ignorancia y su emocionante inocencia, se sentía así.

El mercado estaba repleto de hombres y mujeres de todas las edades. También había niños con los que intercambiaba miradas de asombro y alegría. Revoltosos, correteaban entre los puestos para esconderse tras sus madres, un refugio asegurado en el que sentirse a salvo, todas, menos aquella tarde.

Sin verlo venir, al bombardero y a todo lo que vendría a continuación, cortantes e intensos silbidos se hicieron notar en su frágil oído de manera estrepitosa. Aquello no estaba previsto. No pudo evitar arrojarse las manos a las orejas queriendo desprenderse del desagradable sonido. Eran las alarmas antiaéreas. Y de repente una docena de explosiones se sintieron tan cerca que su corazón no puedo evitar romper en latidos de auxilio. El suelo temblaba y la gente gritaba. Su madre no estaba. El bombardeo de Gernika había comenzado.

El olor a quemado, a fritanga, y el ruido se hacían cada vez más intensos. Asustada, huyó en busca de una cara amiga, pero el humo se expandía sin límites y apenas sentía estar en casa. Aquel territorio, por primera vez, le era completamente desconocido. Las explosiones se sucedían y con ellas aumentaba el horror.

Alzo la vista y bajo aquellos soportales, junto al mercado, vio a la gente amontonada buscando el refugio que hacía escasas horas había encontrado junto a las faldas de su madre. Notó las manos de una mujer bajo sus axilas. Con fuerza fue arrojada fuera, como si de un saco de patatas se tratara. Y por un momento, yació junto a los cadáveres que desprendían aquel olor tan desagradable. No había hueco para ella ni su inocua inocencia.

Algunas extremidades vagabundas tendían en el suelo haciéndola compañía. Horrorizada y con los ojos envueltos en lágrimas alzo la mirada buscando la compasión de aquella mujer. En sus temblorosas pupilas y sin dar crédito, se reflejo una bomba, de las muchas que se colaban entre el humo sin apenas visibilidad. Y así fue cómo saltaba por los aires aquel lugar del que la habían echado hacía escasos segundos. La mujer ya no estaba, sólo algunos restos de aquel edificio, de aquellas personas, de aquel mercado.

La que había empezado como una tarde cualquiera se convirtió imprevisiblemente en una cruzada de recuerdos, deseos y sentimientos encontrados que le abrieron las puertas, como en aquella tarde al mercado, en su vida a la resurrección. Y como cualquier otra paradoja de la vida, fue la falta de humanidad lo que la permitió, a ella, conservar la suya...



Agradecimientos: A la abuela de mi amigo por compartir con él esta historia cuando era un niño.

Infografía del bombardeo.

4 comentarios:

  1. Impresionante!!!!! me has dejado sin palabras!!!! otra vez!

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  2. No me cansaré de decirte que me encanta cómo escribes.

    Crudo relato de lo que tuvo que vivirse aquel día en Gernika... :(

    Parece mentira que eso pasase "ayer" mismo... en fin...

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  3. escalofrios Patri, en serio... gracias a ti por volver a dar Vida a todos esos inocentes que ese lunes sufrieron una injusticia, a través de los ojos de esa amona-niña... aunque dura, me parece una bonita historia... supongo que tiénes ese don! ;)

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  4. Gracias a todos!!! Sois mi fuente de inspiración, sobre todo porque quien me contó está historia es uno de los que ha comentado ;-)

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