lunes, 26 de abril de 2010

Perra pecadora compra libertad

Hoy me siento libre. Hoy soy capaz de sentir las cosas tal como vienen y no sentir vergüenza por ello. Sí, soy una perra pecadora que anda el camino a ciegas. Harta de muros, normas y palabras que obstaculizan mis ansias de libertad. Cansada de esas opiniones, que vestidas bajo el calificativo de "libres", te atan. Llevo largo tiempo sometida a diversos juicios, que se me clavan por doquier, sobre todo en la espalda. Y duele. Duelen los hechos sagrados que podrían haberse cambiado, que podrían no haber pasado. La maldita objetividad , los jodidos ojos de la mayoría que te oprimen la nuca. No me importa que me acusen de loca por rebasar los límites de lo políticamente correcto, siempre y cuando sea en favor de mi libertad. Pero que me dejen en paz, por mis ojos que también ven y mi boca que también sabe opinar. Y si tengo que vender mi cordura a cambio de un margen de acción algo mayor... Búsquenme en los clasificados del periódico, junto a Isabel, la morena de grandes pechos que paradójicamente vende su alma por un poquito de eso que algunos se atreven en llamar vida o por lo que yo ansío en poder llamar libertad.

2 comentarios:

  1. La gente tiende a juzgar a los demás, y esta tendencia se agudiza si ese otro, el distinto, está luchando por lo que realmente quiere, y eso le hace feliz. Esa actitud radical, ese buscar la libertad a toda costa, no lo entienden quienes ya están acomodados en su rutina enmarcada por cuatro normas asumidas por repetición. ¿Pero quienes son ellos para juzgar? Quien tenga un sueño, que lo siga. Así se crearon las epopeyas.

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