jueves, 4 de febrero de 2010

Presuntos




Socorro. Así se llaman desde el momento en que caen al suelo. Se levantan temprano, dan de desayunar a sus hijos rehusando su mirada. Les miman, les dan el cariño que ellas no reciben y lloran. Durante el día unas trabajan en una oficina, otras en su propia casa. Salen a la calle con gafas. Ya puede llover que a ellas lo que les molesta no es el sol sino el dolor. Hacen sus recados para mantener un hogar que se tambalea, cuyos cimientos tiemblan todas las noches. Algunos las miran con sospecha, otros ni perciben lo que ocurre. La gente habla, o no. Hay quienes ven amor y quienes ven odio. Pero ellas sólo ven miedo, angustia, tristeza. Tras sus gafas oscuras se esconden, se ocultan.

Regresan a casa, despacio, con calma. Sus pies caminan por ellas. Comienzan a temblar. Una lágrima se derrama, se seca. El corazón se les dispara y el estómago se les encoge. Se acercan aterradas porque saben lo que les espera. Mantienen la esperanza, confían. Tiernas, débiles, vulnerables. Aguantan por sus hijos, por amor. Sueños rotos que se empeñan en reconstruir. Pero una vez derramada la sangre, cientos de pedacitos se esparcen por todas partes. La primera vez la toleran, disgustadas, pero confiando en que no volverá a ocurrir. Más una y otra vez se repite, unas de continuo y otras intermitentemente, aunque cada vez con más dureza, con más crudeza.

Presuntos. Así se llaman todos ellos desde el momento en que asestan el primer golpe. Se levantan cuando les da la gana. Dependiendo de la resaca, del trabajo, del grado de odio que corra por sus venas. Venas que se hinchan, que estallan. Sin miedo. Interesados. Cambian de humor y de actitud según lo que quieren. De su boca sólo se derraman insultos, mentiras. Insisten en que no lo volverán a hacer, pero no tardan en tirar por tierra sus palabras, palabras repletas de rabia. Nerviosos rompen en cólera y de los ojos de sus víctimas extraen lágrimas y de sus bocas llantos.

Pero llega el momento en que todo cambia, termina. El momento en que pasan de presuntos a ser culpables. Socorro tirada en el suelo y el dedo metido en la llaga, el cuchillo, el golpe que marco el final. Hijos que acabarán en un hogar de acogida o con familiares desconocidos. Se va el cariño entre los dedos de quien fallece en el suelo. Con todo lo que conlleva, con todo su amor. Cientos de gritos brotando de un montón de papeles archivados en la policía. Pero ya es tarde para escuchar porque el dolor se ha esfumado. Sólo quedan las brasas de los que en su día fue odio, violencia, terror. Y desprenden un olor desagradable, a chamusquina, a cobardía.

Patricia Martínez

5 comentarios:

  1. Brutal!!!!!! creo q me ha impresionado mas q la primera vez q lo lei......

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  2. Patri, te sales en serio!!!! Me encanta!!!

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  3. jo Patri.........me he quedado sin palabras.....impresionante!

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  4. "Aguantan por sus hijos, por amor", No, no, no, y no, no, no, no y más NO!!!!!precisamente por los hijos tienen que salir de ahi!por ellas mismas primero, por supuesto, pero sus hijos tienen que crecer fuera de ese entorno, y no, no, no, no, no, no, no y más NO!!!!por amor, NO!eso no es amor!el amor acabó cuando empezó la primera torta, el primer insulto, la primera falta de respeto...qué dificil...qué injusto...qué cabrones!!!! ANTE EL MALTRATADOR: TOLERANCIA CERO.

    Lo siento Patri, pero me cabreo!!!me ha encantado tu relato "presuntos", pero con todo el respeto del mundo, me vas a permitir que te suguera "ángeles", porque quiero quitar todo el protagonismo al maltratador y dárselo a toda maravillosa mujer que pese a todo, es capaz de salir a delante porque su fuerza está en su interior, y eso, no se lo pueden quitar. Son ÁNGELES. Sugiero la canción COMO UN ÁNGEL de Marta Sanchez, habla de ellas ;) Aquí está la letra, y yo ahora estoy escuchando la canción, cuando acabe de oirla, te paso los cascos, Patri!!!! ;)

    MIL GRACIAS Patri, por compartir!!!!!!!! ;)

    COMO UN ANGEL (Marta Sanchez)

    Hace más de tres años vive así,
    imaginaba ser siempre feliz.
    Tras su sonrisa esconde un mundo gris,
    el duro infierno que él le hace sentir, oh, oh.

    Cuando empezó, ella se lo perdonó,
    era el amor, refugio de dolor,
    y así sin más, una y otra vez.
    Maquíllate, ellos te pueden ver.

    Tras un rostro sin luz, hay un alma sin paz.
    Son heridas que no curarán.
    Y escapando en sus sueños de la realidad
    ella vuela como un ángel.

    Aquella tarde no fue la peor,
    pero al mirar tus ojos comprendió,
    no merecías una vida así,
    quiero que crezcas muy lejos de aquí.

    Tras un rostro sin luz, hay un alma sin paz.
    Son heridas que no curarán.
    Y escapando en sus sueños de la realidad
    ella vuela como un ángel.

    Hace unos meses por allí pasó,
    tras la ventana un hombre la miró,
    aquel que un día supo herir su ser,
    hoy solamente es sombra del ayer.

    Tras un rostro sin luz, hay un alma sin paz.
    Son heridas que no curarán.
    Y escapando en sus sueños de la realidad
    ella vuela como un ángel.

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