martes, 16 de febrero de 2010

La verdad... ¡duele!

Para los más sensibles advertimos que la siguiente columna fue tachada de soez por un profesor de la Universidad de Navarra. Sin embargo, entró en el "juego" contraargumentando que eran cada vez más las chicas que jugaban a las consolas. Por lo que deduzco que no llegó a comprender el trasfondo de la siguiente pieza. El problema no es jugar, sino el tiempo que le dedicas a jugar, la mentalidad y la importancia que puede llegar a cobrar una partida. Pero ya saben... la verdad, ¡duele!


Se suele decir que las chicas maduramos antes que los chicos, pero lo cierto es que dicha afirmación supera lo sobrenatural. No se trata de la mítica guerra de sexos, no, todo se reduce al Mario Kart o al Pro.

Ellos no nacen con un pan bajo el brazo. Nacen con una Play Station bajo un brazo y con la Wii bajo el otro. Los mandos atados a los pies y el joystick o el ordenador entre las piernas. Se crían desde pequeños con ello y cuando les llega la hora de madurar ya es tarde. El Pro o el Mario Kart forman parte de su cuerpo. Su vicio, su necesidad de primer grado: ¡para qué comer teniendo moneditas que te dan puntos! Auténticos mutantes de la mano de Nintendo, Sony o Windows.

El puñetero "síndrome de Peter Pan", les embarga, hechiza y arrastra. Ven un mando y se "empalman". Se trata de la marcha atrás: cuanto más creciditos, más infantiles. Hay aficiones comprensibles, pero esto supera lo maníaco-depresivo. Encorvados, los ojos rojos, fuera de las cuencas, las manos estáticas, los pulgares a la espera de la próxima salida, de la próxima partida. ¡El jorobado de Notre Dame se queda corto a su lado!

Eufóricos, gritan, se insultan. No pueden evitarlo. Serán las únicas veces a lo largo del día que les verás enfadados. Ludopatía de las consolas, la caja tonta de nuestro siglo, la generación del PC y el joystick. No intentes hablar con ellos mientras juegan, ya puedes estar desnuda que ni se darán cuenta. Para ellos nada es comparable con un balón, un coche, o lo peor de todo, un mando, un ratón. Puede sonar exagerado o anticuado, pero pregúntenle a una madre, seguro que el día del que peor recuerdo guarda es víspera de Nochebuena o Reyes.

Todo se reduce a una competición, sea corriendo o en coche. Para ver quién llega antes, quién es más macho o quién los tiene más grandes. Pero lo peor de todo es que se olvidan de la carrera más larga y más importante. Y para cuando se dan cuenta ya es tarde. Game over parpadeando en su pantallas y su única compañía: Mario Bros.

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